Los huertos comunitarios y el giro sustantivo en la no religión

Extracto de Unearthing Lifestances: What Community Gardens Tell Us About Nonreligion, editado por Lori G. Beaman, Ryan T. Cragun y Douglas Ezzy, publicado por De Gruyter, Berlín, en 2025. Edición de acceso abierto. Subtítulos y énfasis añadidos por los editores.

Lori G. BeamanRyan T. CragunDouglas Ezzy
Lori G. Beaman
Distinguished Professor and Canada Research Chair in Religious Diversity and Social Change in the Department of Classics and Religious Studies at the University of Ottawa. She...
Ryan T. Cragun
Professor of empirical sociology at The University of Tampa. His research focuses on the nonreligious and Mormonism and has been published in various scholarly journals. He...
Douglas Ezzy
Professor of Sociology at the University of Tasmania, Australia. He is lead investigator of the Australian Research Council Discovery project “Religious freedom, LGBT+ employees, and the...
Los huertos comunitarios son espacios de cultivo compartido y de interdependencia ecológica. Fotografía de Markus Spiske.

Del dominio vertical a la responsabilidad horizontal

El creciente número de personas que se identifican como no religiosas constituye uno de los cambios sociales más significativos del mundo contemporáneo. Esta transformación incide en la vida social cotidiana, en las formas en que las personas crean y experimentan comunidad, así como en las instituciones sociales que estructuran dichas actividades. ¿Cómo se inserta la jardinería comunitaria en este panorama de cambio social? Este no es un libro sobre jardinería, aunque, si usted es jardinero o jardinera, quizá se reconozca en las páginas que siguen.

Más bien, se trata de un libro sobre cómo la jardinería comunitaria puede ayudarnos a comprender la no religión. Los huertos comunitarios son espacios donde las personas se encuentran con otras, tanto humanas como no humanas, que son diferentes de ellas. Constituyen lugares de trabajo orientado a la reparación del mundo y a la construcción de comunidad. También son espacios en los que las personas suelen responder «No soy religioso/a» cuando se les pide que identifiquen su afiliación o pertenencia religiosa. No obstante, nuestro análisis no se limita al número de personas que afirman no ser religiosas. En la base de las actividades que tienen lugar en los huertos comunitarios subyace una transformación de la sensibilidad respecto de la relación entre los seres humanos y el mundo que los rodea.

Centrado en la cuestión fundamental de cómo podemos vivir bien juntos en sociedades diversas, el proyecto NCF explora la evolución del campo de la religión/no religión y su impacto.

Esa relación está transitando de un vínculo vertical a uno horizontal; de una relación de dominación humana a otra basada en la responsabilidad compartida y la igualdad. Este desplazamiento es posible debido al reconocimiento creciente de que el modelo jerárquico actual resulta insostenible. El modelo vertical se sustenta en enseñanzas religiosas acerca del lugar de los seres humanos en el mundo, en particular en torno a la noción de custodia y a la posición superior y excepcional atribuida a la humanidad. Los huertos comunitarios ofrecen un punto de observación privilegiado para analizar algunos de estos cambios.

La jardinería como práctica ética y acción social

¿Qué tienen que ver los huertos comunitarios con la no religión o, en ese sentido, con la religión? La jardinería es una actividad mediante la cual las personas construyen vínculos, forman comunidades, participan en prácticas éticas, materializan compromisos con la justicia social y ambiental, realizan rituales, experimentan asombro y admiración en la vida cotidiana, negocian y gestionan la diferencia, y llevan a cabo actos de bondad, generosidad y cuidado. Es el espacio compartido de los «terrestres», por utilizar el concepto de Bruno Latour.

cover of the book Unearthing Lifestances_What Community Gardens Tell Us About Nonreligion

Es también un espacio de controversia y frustración. La jardinería actúa como un punto de refracción que permite comprender cómo las personas habitan el mundo y qué consideran significativo. En lugar de preguntar a las personas qué creen o qué les importa de manera abstracta, desvinculada de su vida cotidiana, al centrarnos en la jardinería ingresamos en el ámbito de la acción: en lo que las personas hacen.

Se trata de una manera muy distinta de pensar la no religión. Los huertos comunitarios no son el único espacio donde podría desarrollarse este tipo de investigación, y no sostenemos tal afirmación. Sin embargo, los jardines están vinculados a la vida misma, y la práctica de la jardinería atiende a dimensiones que iluminan la negociación y la gestión de múltiples tipos de relaciones.

 Los huertos comunitarios también se distinguen de los huertos comerciales en aspectos fundamentales: no están impulsados por la necesidad de obtener ganancias, sino que persiguen objetivos orientados al cultivo de plantas para la alimentación y el disfrute estético. Asimismo, suelen incorporar preocupaciones más amplias relacionadas con la justicia social y la construcción de comunidad. Constituyen, por tanto, un contexto clave para examinar las relaciones y la ética. En los huertos comunitarios, la religión y/o el rechazo de la religión suelen ocupar un lugar periférico en relación con los vínculos y las prácticas éticas de quienes cultivan.

El proyecto NCF: cartografiar la no religión en sociedades diversas

El proyecto Nonreligion in a Complex Future (NCF) es una iniciativa de investigación con sede en Canadá que se centra en identificar el impacto social del rápido y profundo crecimiento de la no religión. De carácter internacional y comparativo, nuestros sitios de investigación incluyen Canadá como eje principal, con coinvestigadores, colaboradores, asesores y socios en Australia, América Latina (Brasil y Argentina), los países nórdicos (Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia), el Reino Unido y los Estados Unidos.

Los huertos comunitarios ofrecen un entorno idóneo para captar esta concepción sustantiva o positiva de la no religión.

Nuestro enfoque principal consiste en estudiar empíricamente la relación entre diversidades cada vez más complejas, generadas por el crecimiento de poblaciones e instituciones no religiosas, y en construir una base de evidencia que permita identificar modelos para convivir de manera armoniosa en sociedades complejas, diversas e inclusivas. Todos estos países tienen una historia de mayoritarismo cristiano. Uno de los aspectos que nos interesa explorar es el contenido sustantivo de la no religión o, como algunos lo describen, su contenido positivo.

Centrado en la cuestión fundamental de cómo podemos vivir bien juntos en sociedades diversas, el proyecto NCF explora la transformación del campo de la religión/no religión y sus efectos. Nos interesan los marcos morales en cambio y en emergencia o, quizá con mayor precisión, aquellos marcos morales que siempre han existido, pero que han sido menos visibles que los asociados a la religión. Asimismo, nos intriga la aparición de un ethos de igualdad.

Frente a los relatos de decadencia moral: replantear la ética más allá de la religión

Estas cuestiones nos importan porque consideramos que las dicotomías morales se movilizan cada vez más para generar división social, ya sea en forma de binarismos políticos o religiosos, entre otros.

Ethical commitments made visible in collective growing practices.
Compromisos éticos se hacen visibles en las prácticas colectivas de cultivo. Fotografía de Matt Baker.

No obstante, también nos inspiran, nos llenan de esperanza y nos asombran las numerosas iniciativas orientadas a la reparación del mundo, que contribuyen a un sentido de bienestar y a una relación respetuosa con el mundo humano y más-que-humano. En cierto modo, ello prolonga los argumentos de Beaman (2021) y Bennett (2001), que invitan a reimaginar la ética, la comunidad y la realización humana como no restringidas por la religión ni por el encantamiento religioso.

 Fue Max Weber y, más recientemente, teóricos sociales como Peter Berger, Charles Taylor y Jurgen Habermas, quienes vincularon los dilemas éticos de carácter casi diabólico que enfrenta la humanidad con el declive de la religión. Este libro está escrito, en parte, con estos teóricos y, al mismo tiempo, en diálogo crítico con ellos.

Hegemonía cristiana y la caracterización errónea de la no religión

Si bien se observa un declive del cristianismo en los países que estudiamos, sostenemos que este continúa siendo hegemónico. El grado en que esto ocurre es culturalmente específico y requiere un análisis detallado que excede el alcance de esta discusión. Algunas personas, incluidos académicos, lamentan la pérdida de dicha hegemonía y otras sostienen que ya no puede hablarse de ella.

 Las cosmovisiones desafían tanto la centralidad otorgada a la religión como estructura organizadora de la vida como la construcción de la no religión como una categoría de alteridad.

No obstante, es importante reconocer la fuerza del legado de la hegemonía cristiana, en particular en los relatos sobre la sociedad contemporánea y sus supuestas deficiencias. Por ejemplo, a las personas no religiosas se las describe en ocasiones como individualistas y atomizadas, carentes de vínculos sociales significativos (Putnam y Campbell 2012). La sociedad es representada como secular y hostil a los valores religiosos, especialmente a los valores cristianos conservadores (Smith 2003). Sostenemos que ello refleja la influencia del privilegio cristiano en la teoría social.

Hemos evitado el uso de la palabra secular en nuestra discusión. No es un término empleado por las personas participantes y, como concepto académico, está cargado de significados complejos y confusos que a menudo se instrumentalizan. Además, en los debates sobre la no religión y las personas no religiosas están en juego valores, ética y moral.

No compartimos la idea de que las personas no religiosas carezcan de moral o posean compromisos morales debilitados (Taylor, 2007; Hadaway, 1989; Smith 2003), ni que estén en busca de «algo más» (Bellah et al. 2007; Putnam y Campbell, 2012). Sostenemos que esta interpretación malentiende lo que significa ser no religioso y, en particular, desconoce los compromisos éticos, comunitarios y de justicia social que se manifiestan en actividades donde la religión no ocupa un lugar central, como los huertos comunitarios.

La cosmovisión más allá del binarismo religión/no religión

Nuestro argumento sostiene que todas las personas poseen compromisos, prácticas, marcos morales y entramados relacionales tanto con seres humanos como con seres más-que-humanos. Estos compromisos forman parte de su cosmovisión. Para comprenderlo, es necesario ir más allá del esquema binario de religión y no religión. No buscamos específicamente a horticultores comunitarios no religiosos para entrevistarlos. Más bien, entrevistamos a personas que cultivan en huertos comunitarios y, al final de la entrevista, les preguntamos si se consideraban religiosas o no.

Intergenerational participation in a community garden.
Participación intergeneracional en un huerto comunitario. Fotografía de Olwen Dee (CC BY).

En términos aproximados, poco más de la mitad de las personas participantes en nuestro estudio se autoidentificaron como no religiosas. Hubo algunos casos en los que los compromisos religiosos influyeron de manera profunda en su experiencia de la jardinería. No obstante, para la mayoría, su religiosidad —o la ausencia de ella— no resultaba determinante en la forma en que comprendían y experimentaban la vida ni en cómo concebían su relación con los seres humanos y los no humanos. Participaban en procesos de toma de decisiones éticas, se comprometían con comunidades, sostenían prácticas regulares y estaban inmersos en entramados relacionales. La mayoría realizaba todo ello sin enmarcarlo en términos religiosos ni motivarlo por la religión o por su rechazo.

Sostenemos que es necesario ir más allá de lo que habitualmente se entiende por no religión. Esta comprensión habitual incluye a quienes se identifican como ateos, humanistas, agnósticos y, en algunos enfoques académicos, también a quienes se consideran espirituales pero no religiosos, así como a quienes se muestran indiferentes. El contexto social es determinante: en una sociedad en la que la religión constituye una norma en el Estado y en la sociedad civil, la indiferencia religiosa resulta extremadamente difícil.

 Cabe señalar, además, que atravesamos un momento de cambio social intenso e imprevisible en relación con la religión. Un número creciente de personas no cuenta con ningún punto de referencia religioso en su vida, lo que significa que no han recibido formación religiosa, no participan en actividades vinculadas a religiones organizadas y, por lo tanto, carecen de todo referente religioso. Resulta extraño definirlas en relación con algo que nunca ha estado presente en sus vidas (es decir, calificarlas de «no religiosas»).

En respuesta a esta constatación, hemos adoptado la noción de cosmovisión. Entendemos por cosmovisión el conjunto de comportamientos, relaciones y creencias vinculados con la orientación de una persona hacia la vida y la existencia. Las relaciones son necesariamente sociales y, por tanto, sitúan al actor social dentro de una estructura social. En consecuencia, la cosmovisión excede la psicología individual y el ámbito de la creencia. Este enfoque se aleja de la no religión como categoría de ausencia y se centra, en cambio, en cómo quienes no son religiosos o se sitúan al margen de la religión viven sus vidas, desarrollan sus vínculos y reflexionan sobre su lugar en el universo. Las cosmovisiones cuestionan tanto la primacía de la religión como estructura organizadora de la vida como la concepción de la no religión como categoría de alteridad.

Los huertos comunitarios como ventanas a las cosmovisiones vividas

Les jardins communautaires offrent un cadre idéal pour saisir cette conception substantielle ou positive de la non-religion. Les jardiniers et jardinières y manipulent littéralement le vivant : des micro-organismes présents dans le sol aux plantes qu’ils cultivent, en passant par l’écosystème qu’ils transforment par leur travail.

La ética y las relaciones se sitúan en el núcleo de este proyecto.

Sus reflexiones, así como nuestras observaciones de sus prácticas, ponen de manifiesto sus cosmovisiones y el contenido sustantivo de sus vidas. Quienes participan en huertos comunitarios sostienen creencias, entablan relaciones (con otras personas, con plantas y con animales), actúan éticamente y construyen comunidad. Algunas personas se identifican como religiosas, pero muchas no lo hacen. Desde nuestra perspectiva, centrarse excesivamente en las categorías de religión y no religión impide comprender lo que realmente ocurre en los huertos comunitarios.

Lo que sucede en estos espacios no gira primordialmente en torno a la religión, aunque algunas de las personas participantes puedan ser religiosas. Algunos académicos describen estas prácticas en términos de jardinería «secular», «irreligiosa» y/o «no religiosa». Sin embargo, este lenguaje corre el riesgo de recaer en el binarismo religión/no religión que intentamos evitar. Por ello hablamos de «cosmovisiones». Es fundamental emplear un lenguaje distinto para dar cuenta de lo que realmente está ocurriendo. Es esta comprensión más amplia y novedosa de quiénes son las personas y qué las configura la que se pone de relieve con el giro sustantivo en los estudios sobre la no religión y que ilustramos en este libro dedicado a los huertos comunitarios.

Ética, alimentación y gobernanza en la vida comunitaria

La ética y las relaciones se sitúan en el núcleo de este proyecto. Los huertos suelen definirse explícitamente en términos éticos, con objetivos como la autosuficiencia, la inclusión de comunidades e individuos marginados, la reconstrucción de una relación respetuosa con otros terrestres y el empoderamiento.

También nos interesaban los huertos de parcelas que no persiguen explícitamente objetivos de justicia social, sino que simplemente ofrecen un espacio para cultivar. Nos preguntábamos por las prácticas alimentarias, por ejemplo, si las personas comen juntas o comparten tiempo más allá del trabajo en el huerto. ¿Qué aprendemos sobre religión y no religión en este contexto? ¿Qué tipos de rituales y prácticas desarrollan quienes cultivan?

¿Cómo comprenden la naturaleza y la relación humana con el mundo que nos rodea? ¿Qué papel desempeña la naturaleza (por ejemplo, las plantas, los jardines, los animales) en la configuración de las relaciones que se forman en los huertos comunitarios? ¿Cómo vinculan su práctica de la jardinería con su manera de pensar e interactuar con la naturaleza y el entorno?

En nuestra investigación utilizamos el término «huerto comunitario» en el sentido más amplio posible para abordar cuestiones como la seguridad alimentaria, la soberanía alimentaria y la agricultura urbana, así como relaciones más complejas vinculadas con la gobernanza, la negociación de diferencias culturales, la gestión de conflictos, las políticas de zonificación y uso del suelo, la propiedad comunitaria y la conexión entre la tierra y la justicia racial.

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Profesora distinguida y titular de la Cátedra de Investigación de Canadá en Diversidad Religiosa y Cambio Social en el Departamento de Estudios Clásicos y Estudios Religiosos de la Universidad de Ottawa. Es investigadora principal del proyecto Nonreligion in a Complex Future. Entre sus libros se encuentran Deep Equality in an Era of Religious Diversity (Oxford University Press) y The Transition of Religion to Culture in Law and Public Discourse (Routledge).
Seguir:
Profesor de sociología empírica en The University of Tampa. Su investigación se centra en la no religión y el mormonismo, y ha sido publicada en diversas revistas académicas. Es asimismo autor de varios libros.
Profesor de Sociología en la University of Tasmania, Australia. Es investigador principal del proyecto Discovery del Australian Research Council «Religious freedom, LGBT+ employees, and the right to discriminate». Entre sus libros se encuentran LGBT Christians (2017, con Bronwyn Fielder), Sex, Death, and Witchcraft (2014) y Teenage Witches (2007, con Helen Berger).