Los fundamentos de la Declaración de Jena (TJD)
Los desafíos que enfrenta la humanidad en la actualidad no son abstractos: existe una convergencia de múltiples crisis globales que ya están teniendo un impacto inmediato y potencialmente devastador en la vida cotidiana de miles de millones de personas. La intensificación, durante los últimos años, de la frecuencia y la magnitud de tormentas, inundaciones, sequías, incendios forestales y otros fenómenos extremos en Europa y en todo el mundo constituye una manifestación especialmente urgente de esta situación.
Hace siete años, como es bien sabido, las Naciones Unidas acordaron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que deben alcanzarse para 2030. Si se aplicaran plenamente, podrían permitirnos evitar las inminentes y drásticas consecuencias del cambio climático global y de otros problemas ambientales que amenazan nuestra propia existencia. De este modo, debería ser posible garantizar a largo plazo un futuro seguro —o al menos más seguro— para todas y todos.
La Declaración de Jena no se limita a formular planteamientos; ante todo, busca asumir la responsabilidad de llevar esos principios a la práctica y de organizar su implementación.
La implementación de este conjunto de objetivos implica, sin duda, un esfuerzo ambicioso de alcance mundial, enmarcado en acuerdos internacionales. Sin embargo, la falta de coherencia y una formulación poco convincente desde el punto de vista científico hacen probable que no se alcancen estas metas autoimpuestas, pese a los considerables esfuerzos financieros realizados.
Ante la falta de avances satisfactorios, se ha vuelto habitual responsabilizar a las autoridades competentes, especialmente a los dirigentes políticos. La crítica más frecuente es que priorizan los objetivos de crecimiento económico por encima de las medidas necesarias para combatir el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el aumento de las injusticias sociales.

Desde la posición relativamente cómoda de quienes critican, los desarrollos considerados indeseables suelen atribuirse fácilmente al liderazgo, a las políticas públicas o a las crisis sistémicas. Aunque las personas e instituciones con gran poder de decisión tienen una responsabilidad especial, resulta poco convincente convertirlas en las únicas responsables.
Este tipo de crítica deja intacto el problema central, pues sigue aferrado a la idea dominante de que todas las decisiones políticas deben seguir adoptándose de arriba hacia abajo. Además, supone que la sostenibilidad puede alcanzarse mediante las innovaciones tecnológicas existentes, combinadas con un aumento de los recursos financieros.
Una gran parte de las medidas adoptadas hasta ahora para hacer frente al cambio climático global y al deterioro ambiental, por importantes que sean, no puede producir los efectos inmediatos que se requieren. Resulta llamativo que las políticas y la investigación sobre sostenibilidad se hayan centrado hasta ahora principalmente en soluciones técnicas. El actual plan presupuestario de la política de sostenibilidad de la Unión Europea, por ejemplo, destina una abrumadora mayoría de sus recursos a tecnologías ambientales. Solo una proporción relativamente reducida se dedica a otros enfoques, como la educación o la participación de la sociedad civil.
Esta actitud ampliamente extendida se basa en una concepción naturalista compartida de la sostenibilidad, fuertemente influida por la ecología. Dicha perspectiva conduce a privilegiar el estudio y la gestión, principalmente desde las ciencias naturales, de las condiciones físicas con el fin de resolver los problemas ambientales mediante intervenciones y métodos técnicos. Los responsables políticos comparten este enfoque, al igual que muchos ciudadanos, la mayoría de los científicos e incluso numerosas organizaciones no gubernamentales que suelen adoptar posiciones críticas.
La implementación de la Declaración de Jena se apoya en siete principios fundamentales, o siete pilares esenciales, que conviene tener presentes.
Esta visión está demasiado consolidada y arraigada para cambiarse con facilidad. Como consecuencia, los enfoques alternativos suelen quedar relegados, ya que las recomendaciones sobre sostenibilidad se dirigen habitualmente a las ciencias naturales y a los ámbitos tecnológicos.
Además, también es un hecho que, hasta ahora, las ciencias humanas y sociales han sido consideradas, en el mejor de los casos, como actores marginales en este ámbito, cuando no han sido ignoradas por completo. El resultado es el escaso peso de los componentes culturales y sociales en la investigación y las acciones orientadas a la sostenibilidad.
En lugar de desarrollar con confianza una perspectiva propia, el número relativamente reducido de investigadores comprometidos de las ciencias sociales y las humanidades se limita, en su mayoría, a « trasladar a la sociedad » los hallazgos de las ciencias naturales y las consecuencias sociales que se espera que estos produzcan.
En los márgenes de esta visión dominante, crece de forma constante el reconocimiento de que no basta con seguir exigiendo más de lo mismo: innovaciones tecnológicas, recursos financieros y soluciones centradas en el medio ambiente.
Lo que se necesita, por el contrario, es una transformación social de nuestras formas de pensar, actuar y relacionarnos, lo que implica un cambio fundamental de estrategia.
En resumen: esto exige un cambio radical de paradigma en las políticas de sostenibilidad. En esencia, se trata de desplazar el foco de una estrategia de arriba hacia abajo a una estrategia impulsada desde la base. Precisamente, reivindicar este cambio de paradigma, identificar sus implicaciones y diseñar las formas de llevarlo a la práctica constituye la propuesta y el objetivo de la Declaración de Jena.
Cambio de paradigma
Para construir un verdadero enfoque de abajo hacia arriba, la Declaración de Jena se centra directamente en las prácticas cotidianas de las personas, abordándolas de una manera respetuosa de los contextos culturales.
El enfoque de abajo hacia arriba parte de la premisa de que los principales impulsores de cualquier cambio social sostenible son los ciudadanos de todo el planeta a través de sus prácticas cotidianas.

Como han demostrado las crisis recientes, en particular la pandemia de Covid-19, las prácticas y rutinas cotidianas a escala local constituyen la base de las relaciones globales. Dicho de manera más general, todas las realidades sociales y culturales se constituyen y reproducen a través de las prácticas cotidianas, las cuales pueden favorecer o limitar formas de vida sostenibles. Esta es la perspectiva adoptada por la Declaración de Jena.
Las acciones cotidianas nunca son una cuestión exclusivamente individual. Todas las prácticas están moldeadas por las relaciones sociales y los marcos culturales de interpretación. Es decir, siempre están insertas en contextos sociales, situadas geográficamente, contextualizadas históricamente y configuradas culturalmente. En consecuencia, cualquier cambio social de gran alcance depende de la participación del mayor número posible de ciudadanos y grupos sociales.
La incorporación sistemática de las realidades de la vida cotidiana debe permitir que las personas aprendan unas de otras y compartan experiencias a escala global mediante mecanismos adecuados de conexión. Al mismo tiempo, deben tenerse en cuenta las condiciones naturales específicas de cada región.
Un requisito fundamental para alcanzar los objetivos de la Declaración es respetar los entornos culturales, las condiciones de vida sociales y regionales, así como los contextos históricos de todas las personas.
Por encima de todo, el cambio propuesto exige desarrollar estrategias que alienten y apoyen a las personas para transformar radicalmente sus acciones cotidianas. Para ello, las sociedades deben ser incorporadas en toda su diversidad, y el énfasis debe ponerse en la movilización de la sociedad civil. Es necesario llegar a personas de todas las edades y procedencias, involucrarlas y motivarlas para que cooperen y actúen de manera decidida en favor de la sostenibilidad global.
Junto con socios locales y globales, este proceso debería poner en marcha un movimiento lo más amplio posible. Asimismo, debería impulsar una nueva comprensión de la sostenibilidad, más orientada hacia sus dimensiones culturales y sociales, que incluya la promoción de la seguridad humana para todas las personas. Esto comprende, entre otros aspectos fundamentales, el fortalecimiento de la solidaridad, la justicia social, la reconciliación y el respeto por la diversidad cultural.
Según la Declaración de Jena, la velocidad y la profundidad de las transformaciones sociales en este sentido solo pueden avanzar si las políticas de sostenibilidad no se centran principalmente en el nivel institucional, sino que se dirigen directamente a los actores clave del cambio.
Considerados en conjunto, estos puntos evidencian la urgencia de desplazar el enfoque de la orientación vertical descendente actualmente dominante hacia una lógica ascendente.
Este catálogo de requisitos constituye el marco del programa de acción de la Declaración de Jena. Pero, antes de abordar la descripción de sus principios básicos y sus líneas programáticas fundamentales, quisiera ofrecer una breve panorámica del proceso de elaboración de la declaración.
Antecedentes
La Declaración de Jena se basa en una encuesta realizada entre expertos internacionales de primer nivel en sostenibilidad, llevada a cabo por la Cátedra UNESCO para la Comprensión Global de la Sostenibilidad, con sede en la Universidad de Jena. Contó con el apoyo de la Comisión Canadiense para la UNESCO y el Consejo de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades de Canadá, en el marco del programa «Imaginar la movilización del conocimiento para el futuro».
Muchos de estos expertos provienen del Consejo Internacional de Ciencias, la UNESCO, la Academia Mundial de Arte y Ciencia, el Club de Roma, la Academia Europaea, el Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas, la Unión Geográfica Internacional, así como de varias universidades internacionales de prestigio. Todos participaron en la Conferencia de seguimiento sobre «Las humanidades y las ciencias sociales al servicio de la sostenibilidad», que dio origen a la declaración.
Los actores de la sociedad civil tienen un papel fundamental que desempeñar en la sensibilización de la opinión pública y en la generación de presión para el cambio.
La Declaración de Jena es hoy un consorcio de socios que reúne numerosas Cátedras UNESCO, organizaciones internacionales pertinentes, instituciones académicas de las ciencias naturales, sociales y humanas, organizaciones y redes artísticas, empresas, movimientos de la sociedad civil, entre otros. Tras el primer evento mundial de lanzamiento celebrado el pasado octubre, se prevén eventos de lanzamiento específicos para Asia y Oceanía, las Américas, África y Europa.
Esta declaración busca reunir el mayor número posible de signatarios para ejercer presión sobre los principales organismos y agencias de sostenibilidad, con el fin de alcanzar los ODS a tiempo. La Declaración de Jena no se limita a formular exigencias: su propósito es también —y ante todo— asumir la responsabilidad de comprometerse con la implementación de dichas exigencias y de organizar su desarrollo.
Permítanme presentarles brevemente los principios rectores fundamentales de acción de la declaración.
Principios rectores
La implementación de la Declaración de Jena se apoya en siete principios fundamentales, o siete pilares esenciales, que conviene tener presentes.
- La primera piedra angular es muy sencilla, aunque con frecuencia se olvida. Es la constatación de que la sostenibilidad va mucho más allá de la ecología; más allá de la simple gestión de los ecosistemas o del medio ambiente. Gran parte del pensamiento contemporáneo sobre la sostenibilidad se basa en la idea de que la esfera humana y la esfera natural se oponen de algún modo — que la naturaleza sería simplemente nuestro «entorno». Sin embargo, ocurre todo lo contrario: ¡con nuestros cuerpos, somos parte de la naturaleza! Y la manera en que la comprendemos, nos relacionamos con ella y la transformamos depende de nuestros marcos culturales. Por tanto, la sostenibilidad trata en realidad de nuestra condición como seres que forman parte de la naturaleza, guiados por esquemas culturales de interpretación.
- La segunda piedra angular se basa en la idea de que un cambio genuino hacia la sostenibilidad solo puede lograrse si las personas comienzan a transformar sus rutinas y prácticas cotidianas. La sostenibilidad es más que una moda pasajera: es una mentalidad — algo que nos permite vivir de manera sostenible. Es precisamente aquí donde la voz de las artes puede hacer una contribución poderosa, en la forma que acabo de mencionar: establecer nuevas maneras de conectar con el mundo y encontrar soluciones sostenibles a los problemas cotidianos en los contextos más diversos.
- Esta idea conduce directamente a la tercera piedra angular, que aborda las deficiencias de los enfoques verticales descendentes. Si alguna vez ha comprado una prenda de «talla única», sabrá que esa talla raramente le queda bien a todo el mundo. Lo mismo ocurre con las soluciones para alcanzar la sostenibilidad. Los enfoques descendentes que prescriben soluciones universales raramente tienen éxito. En cambio, necesitamos encontrar soluciones adaptadas a las condiciones específicas de cada contexto. O, más precisamente, necesitamos empoderar a las personas para que desarrollen esas soluciones por sí mismas.
- Como consecuencia directa de lo anterior, podemos afirmar —como cuarta piedra angular— que la diversidad cultural y regional debe ser el punto de partida de cualquier estrategia de sostenibilidad. Todo lo que hacen las personas está localizado en un lugar concreto, situado históricamente y enraizado culturalmente. Es difícil convencer a la gente de que haga su vida más sostenible si la propuesta no encuentra ni el más mínimo anclaje en su mundo cotidiano y no interpela su bagaje sociocultural. Por ello, las estrategias de sostenibilidad exitosas deben abrazar las diferencias culturales y regionales.
- La quinta piedra angular destaca un papel adicional de las artes y de la investigación en humanidades y ciencias sociales. Como he señalado, las artes abren nuevos horizontes. Pueden anticipar y diseñar un mundo diferente al que habitamos hoy. Del mismo modo, las ciencias sociales y las humanidades nos ayudan a comprender las dimensiones sociales y culturales de la transformación en curso — y a alejarnos de un «solucionismo» de primeros auxilios. La Declaración de Jena sostiene que las artes y la investigación en humanidades y ciencias sociales son clave para hacer que vivir de manera sostenible no solo sea posible, sino también verdaderamente disfrutable para todos.
- La sexta piedra angular subraya que una verdadera estrategia ascendente implica una transformación en nuestras formas de producir y aplicar el conocimiento. Muchas políticas de sostenibilidad intentan enseñar y decirle a los demás cómo hacer las cosas correctamente, sin conocer su contexto cultural ni respetar su expertise. Estamos convencidos de que las soluciones sólidas deben desarrollarse juntos y de que existe un enorme potencial para la co-producción colaborativa de nuevos saberes de manera transdisciplinaria. La base de este enfoque es el aprendizaje mutuo — aprender unos de otros.
- Por último, la séptima piedra angular hace un llamado al compromiso cívico. Las políticas genuinamente ascendentes nos permiten aprovechar las fuerzas y la creatividad de ciudadanos comprometidos de todas las generaciones — y en especial de los miembros más jóvenes de nuestra comunidad global. Para hacer este compromiso más efectivo, desarrollamos una plataforma mundial destinada a facilitar la acción concertada de personas de todo el mundo, ya sean investigadores, docentes, funcionarios o ciudadanos comprometidos.
Estos son — en síntesis — los siete principios fundamentales de la Declaración de Jena. La Declaración es una invitación a hacer realidad el desarrollo sostenible en su propio entorno, a movilizar a personas en todos los rincones del planeta y a hacer que su compromiso produzca resultados concretos.
Líneas programáticas
Para alcanzar estos objetivos, la implementación de la Declaración de Jena se centra actualmente en tres líneas programáticas: las Artes, el Aprendizaje y el Compromiso cívico. La presentación de estas tres líneas pretende ofrecer una visión sinóptica de la estrategia de implementación elegida. Por ello, incluye inevitablemente algunos elementos recurrentes.

Línea programática: Artes
Con esta primera línea de acción, proponemos —como ya se ha mencionado— el desarrollo de una nueva estética para relacionarse con el mundo natural y el mundo social; de ahí el llamado a situar las artes en el centro del enfoque.
¿Cuál es el papel de las artes? Las mentalidades, las rutinas cotidianas y los hábitos dependen en gran medida del contexto cultural de cada persona y de los esquemas de interpretación que moviliza. La manera en que hacemos las cosas está íntimamente ligada al significado que les atribuimos, a nuestra visión del mundo y al lugar que ocupamos en él. Las artes, en todas sus formas, son fundamentales para ampliar horizontes y ofrecer nuevas perspectivas sobre nuestra relación con el mundo y nuestros modos de vida. Movilizar a artistas de todas las formas de expresión —música, bellas artes, fotografía, cine, performance, escritura creativa, poesía, arte digital, arquitectura, artes culinarias, etc.— en favor de una profunda transformación social es de una relevancia central.
A ello se suma nuestro compromiso de conectar y apoyar a artistas de todas las orientaciones, con el fin de construir el movimiento artístico más amplio posible a través de todos los continentes, sociedades y lenguas — para reconstruir nuestra relación con la naturaleza a través de nuevas visiones y su transformación regeneradora. En síntesis: promover nuevas formas de vivir de manera sostenible en toda su diversidad cultural y regional.
Línea programática: Aprendizaje
La segunda línea de acción se centra en los estudiantes que aprenderán nuevas formas de vida, así como en sus docentes.
Debemos centrarnos prioritariamente en los docentes y los estudiantes, pues se encuentran en una posición privilegiada para compartir mutuamente lo que saben y aprenden con cerca de 2 000 millones de alumnos y estudiantes en todo el mundo. Son esos estudiantes quienes tomarán las decisiones sobre sostenibilidad a lo largo del siglo XXI, y necesitamos que todos ellos estén lo mejor informados posible y profundamente comprometidos con la sostenibilidad.
A ello sumamos la fuerza altamente cualificada y profundamente comprometida de los profesionales de la sostenibilidad, los voluntarios y los ciudadanos comprometidos, vinculándolos con escuelas y universidades de todo el mundo.
Línea programática: Compromiso cívico
Las organizaciones de la sociedad civil son el núcleo de la tercera línea programática de la Declaración de Jena. Su expertise y su compromiso serán movilizados para catalizar una profunda transformación social hacia la sostenibilidad global.
El papel del compromiso cívico en las transformaciones sociales difícilmente puede subestimarse. Los grupos comunitarios, las organizaciones no gubernamentales, las entidades benéficas, las organizaciones confesionales, las organizaciones juveniles y muchos otros grupos del tercer sector reúnen a ciudadanos para comprometerse con el bien común. Los actores de la sociedad civil tienen un papel fundamental que desempeñar en la sensibilización de la opinión pública y en la generación de presión para el cambio.
Estos actores pueden amplificar las voces marginadas y ofrecer perspectivas singulares que contribuyen a innovar en la formulación e implementación de políticas en todos los niveles de la sociedad. A través de las organizaciones de la sociedad civil, es posible llegar a numerosos ciudadanos informados y apasionados, dispuestos a afrontar los desafíos de hoy en su propio entorno.
Para lograrlo, la Declaración de Jena busca mostrar cómo las organizaciones de la sociedad civil pueden comprometerse eficazmente con la sostenibilidad global y compartir ideas sobre cómo impulsar el cambio social desde las bases. Aprovechamos su expertise para explorar nuevas formas de fortalecer las capacidades de las organizaciones del tercer sector en todo el mundo. Las alentamos a convertirse en laboratorios de vida sostenible y a liderar la transformación hacia la sostenibilidad global.
Para ello, contribuimos a:
- proporcionar una plataforma que conecte a los actores de la sociedad civil en todo el mundo y visibilice su compromiso con la sostenibilidad global
- reunir y difundir información sobre cómo incorporar los objetivos de sostenibilidad en las organizaciones de la sociedad civil y cómo optimizar las operaciones cotidianas para alcanzar la sostenibilidad
- desarrollar proyectos emblemáticos de diálogo entre los actores de la sociedad civil y los responsables políticos para aumentar la conciencia sobre el papel del tercer sector en la transformación social
Consideraciones finales
Es evidente que un requisito fundamental para alcanzar los objetivos de la Declaración es respetar los entornos culturales, las condiciones de vida sociales y regionales, así como los contextos históricos de todos los pueblos. Los ciudadanos no deben percibir los cambios en los estilos de vida necesarios para construir un futuro sostenible como una imposición. Por el contrario, deben verlos como un beneficio directo: contribuir, por ejemplo, a su seguridad, su salud y su desarrollo cultural, así como a la cohesión y la inclusión sociales. De esta manera podrá lograrse la participación directa de las comunidades locales y los individuos en todo el mundo.
Ciertamente, ya existe un número casi inimaginable de iniciativas locales en todo el mundo. Sin embargo, lo que aún falta es una coordinación global de las acciones locales — coordinación que la Declaración de Jena puede iniciar, facilitar y promover. Esta se apoyará en la plataforma digital mundial que se pondrá a disposición de forma gratuita de todos los socios comprometidos con los objetivos de sostenibilidad en el sentido de esta declaración. Con el tiempo, deberá estar vinculada al mayor número posible de otras plataformas. Esta plataforma debe permitir la coordinación mundial de proyectos de sostenibilidad, independientemente de si son iniciados e implementados por artistas, investigadores, docentes o ciudadanos comprometidos.
