Reconsiderando el binario violencia-no violencia en el clima

En la urgente misión de combatir el cambio climático ¿debemos elegir entre violencia y no violencia? Este artículo aboga por un enfoque más complejo, uno que fusione elementos de ambos.

Un oficial de policía filma a un activista de Just Stop Oil cerca de Parliament Square en Whitehall, capturando las intrincadas dinámicas entre violencia y no violencia en el activismo social. 20 de mayo de 2023. Foto de Alisdare Hickson.

La falsa dicotomía de violencia y no violencia en la acción climática

El concepto de no violencia ha sido considerado durante mucho tiempo como la brújula moral y estratégica para el activismo climático. Es fácil entender por qué. Las protestas no violentas, desde el Movimiento de Derechos Civiles hasta las manifestaciones antinucleares, han demostrado históricamente ser potentes en la movilización del apoyo público. Sin embargo, en la lucha contra el cambio climático, la sabiduría convencional que enfrenta la acción violenta contra la no violenta no alcanza para capturar la complejidad del problema en cuestión.

Cuando se trata de la acción climática, el binario violencia-no violencia es excesivamente reductor. Reduce la conversación a una prueba de litmus moral, descuidando una serie de otros factores que contribuyen a la efectividad de una estrategia activista. No toma en cuenta, por ejemplo, que la dependencia de la sociedad en estilos de vida intensivos en carbono constituye en sí misma una forma de 'violencia lenta' sobre el medio ambiente y las comunidades marginadas.

Más crucialmente, al adherirse estrictamente a tácticas no violentas, el movimiento climático podría estar limitándose involuntariamente a un conjunto limitado de herramientas y estrategias. Esta limitación autoimpuesta podría obstaculizar la capacidad del movimiento para adaptarse e innovar en respuesta a la crisis que se intensifica rápidamente. Por ejemplo, ¿cómo sería la 'reducción de la violencia' entre aquellos que llevan estilos de vida intensivos en carbono? ¿Podría ser necesaria cierta contundencia para desafiar el statu quo y promover un cambio sistémico?

Por lo tanto, romper el binario violencia-no violencia no es solo una cuestión de recalibración ética; es un imperativo estratégico. Al trascender esta dicotomía, creamos espacio para un activismo más matizado, flexible y potencialmente efectivo, acorde con los desafíos sin precedentes que plantea el cambio climático.

Consenso en torno a la no violencia: ¿hora de una reevaluación?

Durante años, la no violencia ha sido el consenso en el activismo climático, considerada en gran medida tanto ética como efectiva. Esta ideología, arraigada en movimientos históricos que han logrado instigar cambios, tiene sus méritos, pero puede ser demasiado unidimensional para el problema multifacético del cambio climático. Al centrarnos únicamente en la acción no violenta, limitamos las estrategias disponibles para nosotros.

Tomemos, por ejemplo, la necesidad de 'reducción de la violencia' entre aquellos que llevan vidas intensivas en carbono. Esto podría implicar una reestructuración radical de las rutinas diarias y comodidades que algunos podrían interpretar como una forma de 'violencia' autoinfligida o dureza. Desafiar los factores sistémicos que contribuyen al cambio climático también puede requerir un enfoque más enérgico, más allá de la resistencia pasiva.

El énfasis en la no violencia, aunque éticamente loable, puede necesitar una reevaluación para enfrentar los complejos y urgentes desafíos que presenta el cambio climático. Por lo tanto, es crucial abrir el diálogo y reconsiderar el binario violencia-no violencia para allanar el camino a estrategias innovadoras y adaptativas para la acción climática.

La Violencia como una guerra, no como metáfora

El cambio climático nos enfrenta no como una batalla metafórica, sino como una guerra real, con consecuencias de gran alcance para las sociedades humanas y el mundo natural. Es una lucha que trasciende las fronteras políticas, afectando tanto a comunidades como a ecosistemas.

Este reconocimiento debería servir como un cambio fundamental en nuestro enfoque para combatir el cambio climático. Las tácticas tradicionales, como las protestas no violentas y el cabildeo, podrían no ser suficientes en este nuevo paradigma. Reconocer el estado 'similar a la guerra' de esta lucha podría desbloquear estrategias alternativas, incorporando potencialmente tanto la violencia como la no violencia.

Esto no significa respaldar acciones dañinas, sino más bien considerar un espectro más amplio de estrategias para prevenir una catástrofe climática. Cuando se entiende como una guerra, la urgencia y diversidad de tácticas se hacen evidentes, permitiendo una resistencia más matizada y efectiva.

Por lo tanto, es esencial ver esta lucha por lo que realmente es, no como una elección entre dos opciones simplistas, sino como una guerra compleja que exige una respuesta multifacética.

Lo que está en juego: Definiendo territorios

En la guerra en curso contra el cambio climático, definir territorios es crucial para la planificación estratégica. Esto no se trata solo de límites geográficos, sino también de delinear qué aspectos de la vida y el medio ambiente necesitan protección. ¿Qué tipo de vida imaginamos para nosotros y para las generaciones futuras?

Necesitamos una revolución no solo en las acciones, sino también en el pensamiento.

¿Qué amenaza esta visión? Abordar estas preguntas ayuda a priorizar acciones, ya sea protegiendo hábitats naturales o reduciendo las huellas de carbono. Además, reconocer el papel significativo que juegan los agentes naturales, como los bosques, los océanos y la biodiversidad, en la configuración de nuestras sociedades es vital. Estos sistemas naturales a menudo ejercen más influencia en la vida humana de lo que reconocemos, desde regular el clima hasta proporcionar recursos.

Por lo tanto, nuestras definiciones territoriales deben ser amplias y abarcativas, cubriendo tanto los factores humanos como no humanos que influyen en el desarrollo de la sociedad. Al hacerlo, creamos una estrategia más holística, reconociendo que esta guerra se libra no solo en las calles o salas legislativas, sino también en los ecosistemas que nos sostienen.

El papel de los agentes naturales: Más allá de la visión centrada en el humano

Incorporar agentes naturales como bosques, océanos, y animales en nuestro discurso político puede parecer poco convencional, pero está lejos de ser absurdo. Hacerlo puede transformar radicalmente nuestro enfoque hacia el activismo climático. Al reconocer que estos agentes a menudo ejercen una mayor influencia en nuestras sociedades que las intervenciones humanas, podemos elaborar estrategias más completas.

Esta comprensión más amplia se libera del limitante binario violencia-no violencia y permite tácticas de múltiples frentes. En esencia, los agentes naturales pueden convertirse en socios en nuestra lucha contra el cambio climático, impulsándonos a explorar tanto medios violentos como no violentos para asegurar su protección y, por ende, nuestra supervivencia.

La crisis climática ha afectado más duramente a las comunidades marginadas, haciendo que su lucha sea desesperada. Por lo tanto, la conversación sobre la posible legitimidad de acciones violentas en estos contextos no es del todo infundada. Descartar esto de plano como no ético o ineficaz sería simplificar demasiado un problema complejo. En cambio, abrir un diálogo sobre el uso estratégico de la violencia, particularmente para estas comunidades, puede profundizar nuestra comprensión de lo que realmente está en juego y ofrecer posiblemente caminos más efectivos para el activismo.

La violencia aquí no es gratuita, sino un posible último recurso, desplegado en circunstancias extremas. Al examinar esto junto con otras tácticas, podemos fomentar un movimiento climático más matizado, efectivo e inclusivo.

Una reevaluación del binario violencia-no violencia

La idea de que la violencia pueda servir como una forma de prevención es sin duda controvertida, pero merece un escrutinio crítico. Si el uso de la violencia calculada pudiera mantener un mundo habitable tanto para los humanos como para otras especies, ¿no valdría la pena explorarlo? Imagina un escenario en el que las protestas no violentas no logren provocar los cambios necesarios, empujándonos aún más hacia el caos climático.

 En este contexto, la violencia más amplia y el sufrimiento causado por el cambio climático descontrolado podrían superar con creces la violencia controlada y estratégica utilizada para mitigarlo. Por lo tanto, abrazar tal estrategia podría no ser solo un 'mal necesario', sino una opción más humanitaria en el gran esquema de las cosas.

Por lo tanto, descartar el potencial papel de la violencia debido al absolutismo moral podría ser más perjudicial. En su lugar, debemos explorar todas las vías disponibles, equilibrando las consideraciones éticas con la realidad urgente. Si bien la no violencia sigue siendo la primera opción preferible, el concepto de violencia como prevención no debe ser ignorado.

Podría ser el menor de dos males, destinado a evitar una catástrofe mayor. En resumen, una reevaluación del binario violencia-no violencia, con disposición a considerar el primero como una forma de prevención, puede ser esencial para una acción climática efectiva.

Conclusión: Hacia una estrategia híbrida para la acción climática

A medida que la crisis climática se intensifica, la urgencia de actuar crece proporcionalmente. Si bien la no violencia ha sido la estrategia predominante, puede que no sea suficiente como único enfoque. Una estrategia híbrida, una que rompa con el convencional binario violencia-no violencia, ofrece un camino para una acción climática más efectiva.

Este nuevo marco podría incluir elementos como la reducción de la violencia, especialmente entre estilos de vida privilegiados y con alta intensidad de carbono, y el uso estratégico de la violencia en condiciones específicas. Además, implicaría definir qué territorios, tanto ecológicos como conceptuales, debemos preservar para asegurar un futuro sostenible.

Incluir agentes naturales en la ecuación proporciona una visión holística del ecosistema que buscamos proteger. Reconocer el papel de las comunidades marginadas y su legitimidad potencial en el uso de la violencia ofrece profundidad a nuestra caja de herramientas estratégicas. Abrir la puerta a este enfoque híbrido no es un llamado a las armas, sino un llamado a un diálogo más amplio y matizado. Enfrentando una crisis existencial, restringirnos a paradigmas desactualizados podría ser peligroso.

Necesitamos una revolución no solo en las acciones, sino también en el pensamiento. Desafiar el binario establecido entre la violencia y la no violencia puede ser el primer paso vital en la creación de una estrategia más efectiva y abarcadora para la acción climática.

Adaptado de un artículo académico para una audiencia más amplia, bajo licencia CC BY 4.0

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