Narrativas de guerra: El fundamento del pasado totalitario de Albania

Primer Secretario del Partido del Trabajo de Albania, Enver Hoxha, y Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, Joseph Stalin, de pie juntos en Moscú, Unión Soviética.

Fundamentos de los relatos de guerra albaneses

Comprender el panorama político y social de Albania entre 1944 y 1991 implica adentrarse profundamente en cómo las narrativas de guerra moldearon la identidad colectiva y el tejido ideológico de la nación. El papel de la guerra en el pasado totalitario de Albania es un punto focal crítico en esta discusión.

Arraigadas en historias de lucha y resistencia, estas narrativas de guerra ofrecieron al Partido Comunista, nacido en 1941, una herramienta potente para legitimar su régimen y forjar una nueva identidad nacional.Aunque esta ideología tiene orígenes históricos que se remontan a figuras románticas y revolucionarias del siglo XIX, el Partido Comunista adoptó y adaptó estas narrativas para sus propósitos estratégicos.

El partido logró fusionar estas historias de manera perfecta en su marco marxista-leninista, creando así un legado perdurable que los conectó con el llamado temperamento guerrero del pueblo albanés. Este entramado ideológico fue tan intrincado que trascendió la mera gobernabilidad, penetrando en todos los aspectos de la vida albanesa, desde la educación hasta las artes.

Estas narrativas de guerra justificaron la autoridad del Partido, especialmente el liderazgo de Enver Hoxha, y proporcionaron un marco que organizó tanto la experiencia colectiva como la individual. Por lo tanto, cualquier análisis que pretenda desentrañar el pasado totalitario de Albania debe considerar el papel multidimensional que jugaron las narrativas de guerra en la formación de la identidad, la política y las estructuras sociales del país.

El papel de la guerra en la formación de la ideología

El paisaje ideológico de Albania entre 1944 y 1991 fue profundamente influenciado por la narrativa de un pueblo forjado en la guerra. Esta historia fundacional tiene profundas raíces en la historia albanesa, que se remontan a los revolucionarios del siglo XIX. Estas figuras buscaron inspirar un sentido de unidad nacional y resistencia contra la dominación otomana. A menudo evocaban una historia mitificada de Skanderbeg, un héroe nacional del siglo XV que resistió las fuerzas otomanas, usándolo como un arquetipo guerrero que encarnaría el espíritu albanés.

El Partido fusionó eficazmente mitos autóctonos con la ideología marxista-leninista extranjera.

Sin embargo, esta narrativa histórica fue un marco viviente que el Partido Comunista adaptó para satisfacer sus necesidades. Al incrustarse en esta meta-narrativa preexistente, el Partido Comunista logró dos objetivos significativos. En primer lugar, obtuvo un sentido de legitimidad ; no era una fuerza externa imponiendo una ideología extranjera, sino que estaba profundamente arraigada en la historia y la cultura de Albania. En segundo lugar, esta posición permitió al Partido adoptar la ideología marxista-leninista del extranjero sin parecer una imposición extranjera.

La meta-narrativa también desempeñó un papel en la formulación de políticas del Partido. La idea de un pueblo moldeado por la guerra le proporcionó al Partido una base emocional e ideológica sobre la cual construir y mantener su gobierno. De esta manera, se convirtió tanto en un hecho histórico como en una estrategia política en curso, profundamente arraigada en la identidad y la ideología política del país.

Los comunistas como los verdaderos sucesores

El Partido Comunista se posicionó magistralmente como el verdadero heredero del legado de héroes y revolucionarios nacionales de Albania. Fue una estrategia para monopolizar la narrativa de logro. A través de una cuidadosa propaganda, educación y discurso público, el Partido estableció paralelismos entre su propia lucha y los actos valerosos de figuras históricas como Skanderbeg.

La adopción de la violencia como norma ideológica fue un movimiento calculado para afianzar la autoridad del Partido Comunista de Albania.

El Partido no solo amplificó estas epopeyas, sino que también las romantizó. Por ejemplo, embellecer los relatos de heroísmo y valentía del pasado hacía que los triunfos del Partido Comunista parecieran aún más significativos. Esto creó un telón de fondo comparativo contra el cual se podían medir y glorificar los logros del Partido. De esta manera, el Partido logró un claro monopolio sobre la historia de lucha y éxito de Albania.

Además, el Partido fusionó eficazmente estos mitos autóctonos con la ideología marxista-leninista extranjera. Al hacerlo, obtuvo un beneficio doble: localizó una ideología extranjera que de otro modo sería foránea, al mismo tiempo que le proporcionaba un contexto histórico dentro de Albania. El resultado fue una narrativa poderosa que otorgó al Partido tanto legitimidad autóctona como alineación ideológica con el comunismo internacional.

Esta estrategia fue más que un ejercicio intelectual; fue una herramienta práctica. Monopolizar la narrativa permitió al Partido Comunista moldear la opinión pública, influir en la educación y, en última instancia, legitimar su gobierno. Fue una combinación de maquinaciones psicológicas, culturales y políticas que convirtieron al Partido en los percibidos como los verdaderos sucesores del legado nacional de Albania.

La guerra como génesis de la ideología comunista

Las narrativas de guerra no eran simplemente retrospectivas para el Partido Comunista; también sirvieron como su génesis ideológica. Las narrativas de valor, sacrificio y lucha durante la guerra fueron elevadas al nivel de mitos, contribuyendo significativamente al marco ideológico del Partido. Al venerar sus raíces en la resistencia durante la guerra, el Partido logró algo crucial: hizo que su ideología fuera casi intocable.

El Partido transformó sus raíces en una forma de historia sacralizada.

Esta elevación estratégica de la guerra como génesis de su ideología sirvió para perpetuar el gobierno del Partido. Elaboró una narrativa que otorgaba al Partido un derecho casi divino a gobernar, arraigado en una lucha histórica por la liberación y la justicia. Esta historia de origen santificada dificultó enormemente que alguien desafiara la autoridad moral o política del Partido. Por lo tanto, las narrativas de guerra se convirtieron en una pieza clave en la construcción ideológica del Partido, asegurando efectivamente su gobierno a largo plazo al situarlo dentro de una historia sagrada de lucha y sacrificio.

Así como las narrativas ancestrales de guerra otorgaron legitimidad autóctona al Partido Comunista de Albania, también proporcionaron el mito fundacional de su ideología. El Partido transformó sus raíces en una forma de historia sacralizada. Al sacralizar sus orígenes en la guerra, el Partido logró más que un simple punto de discusión ideológica. Incrustó esta narrativa en la conciencia colectiva, convirtiéndola en una historia nacional compartida. Formó activamente la comprensión del pasado y le dio un papel en el presente, afirmando así su propia autoridad. A través de esta sacralización, desafiar al Partido era equivalente a cuestionar un ethos nacional profundamente arraigado.

Este mecanismo de sacralización sirvió a un propósito político distintivo: la perpetuación del gobierno del Partido. Sus líderes comprendieron que la supervivencia del Partido dependía de su capacidad para posicionarse como una extensión de la inevitabilidad histórica, como el verdadero sucesor de una larga línea de resistencia y lucha. Así, la veneración de las raíces en la guerra se convirtió en un aspecto esencial de su estrategia de gobierno, haciendo que el gobierno del Partido pareciera lógico y divinamente ordenado. La sacralización ayudó a aislar al Partido de la crítica, afianzándolo firmemente en el papel de líder verdadero y legítimo de la nación. En consecuencia, la noción de que el Partido Comunista emergió de una lucha durante la guerra se convirtió en una verdad incuestionable, fundamental para su estrategia de gobierno a largo plazo.

La violencia como un medio aceptable

Siguiendo el famoso adagio de Mao Zedong de que el poder político crece del cañón de un arma, el Partido Comunista de Albania no se alejó de respaldar la violencia; la celebró. Esto fue más que mero pragmatismo. Fue una declaración ideológica profundamente arraigada que posicionó la violencia no solo como una herramienta política, sino como una norma societal.

Esta postura ideológica tuvo amplias implicaciones. En primer lugar, hizo que cualquier forma de violencia perpetrada por el Partido o sus seguidores fuera moralmente defendible dentro del marco de su ideología. Esto no fue mera retórica; tuvo un impacto real en la política y la gobernanza. El uso de la violencia se institucionalizó, encontrando expresión en purgas, vigilancia estatal y un estado policial omnipresente.

Penalties ranged from social ostracism to imprisonment.

En segundo lugar, le dio al Partido la libertad de imponer su voluntad por cualquier medio necesario. El régimen podía recurrir a la represión sin necesidad de justificación, porque la propia ideología era la justificación. Esto llevó a que el público aceptara, si no glorificara, los actos de violencia del régimen como extensiones de la pureza ideológica y el compromiso del Partido.

En tercer lugar, esta normalización de la violencia alimentó un ciclo vicioso que perpetuó el gobierno del Partido. Cuanto más el Partido podía justificar su violencia como alineada con sus principios fundamentales, menos probable era que cualquier forma de disidencia pudiera ganar fuerza. Al establecer la violencia como piedra angular de su ideología, el Partido aseguró su control sobre el poder, disminuyendo la disposición del público para desafiar el statu quo.

En resumen, la adopción de la violencia como norma ideológica fue un movimiento calculado para afianzar la autoridad del Partido Comunista de Albania. La violencia se convirtió así en un medio aceptable para mantener el poder y sofocar la disidencia, reforzando la dominación ideológica y política del Partido.

Movilizando a las masas

La gran visión del Partido Comunista era transformar a Albania en una verdadera utopía comunista. Para alcanzar este objetivo, el Partido buscaba una movilización societal integral, apuntando no solo a las estructuras económicas y políticas, sino también a las normas culturales profundamente arraigadas e incluso a la psicología humana. El papel de las narrativas de guerra desempeñó un papel fundamental en esto.

Para empezar, el Partido enmarcó su agenda transformadora como un conflicto perpetuo contra agresores externos y males sociales internos. La definición de 'guerra' (luftë) se expandió para incluir campañas contra el pesimismo, la ociosidad y las influencias extranjeras—elementos vistos como antitéticos a la visión del Partido.

Este enfoque cumplió un doble propósito. En primer lugar, infundió un sentido de urgencia y misión, presionando a cada albanés a contribuir a la lucha. Esto no era una participación pasiva, ya que el Partido exigía la participación activa de las masas en la consecución de sus nobles objetivos. Se esperaba que los individuos contribuyeran a través del trabajo, la vigilancia y la pureza ideológica.

En segundo lugar, esta movilización similar a la guerra creó un mecanismo de control. Las personas que no contribuían no solo estaban eludiendo sus deberes cívicos; eran 'sospechosos' o incluso 'enemigos' en una gran batalla por el alma de la nación. Esto facilitaba la justificación de acciones punitivas en su contra. Las sanciones iban desde el ostracismo social hasta la prisión, asegurando así una marcha disciplinada y enfocada de la sociedad hacia los objetivos del Partido.

El marco de la guerra se convirtió en una herramienta multifacética: sirvió como un grito de guerra, un mecanismo de control y un criterio para medir el progreso. Permitió al Partido tejer los hilos del nacionalismo, la pureza ideológica y el esfuerzo colectivo en un tapiz que representaba su versión de una utopía comunista. A través de esto, el Partido buscaba movilizar cada aspecto de la vida individual y colectiva hacia sus ambiciosos objetivos transformadores.

Una estrategia integral

Si bien las escuelas desempeñaron un papel fundamental, fueron solo una faceta de una estrategia multidimensional. El régimen armonizó varias instituciones, incluidos los medios de comunicación y centros culturales, para difundir eficazmente sus cuatro pilares ideológicos. Estos no eran temas independientes, sino engranajes interconectados en una máquina bien aceitada diseñada para mantener el control ideológico.

La narrativa de guerra en Albania de 1944 a 1991 fue una orquestación deliberada por parte del Partido Comunista.

Los medios de comunicación, por ejemplo, magnificaron las narrativas históricas y los logros actuales, proyectando al Partido como el único arquitecto del progreso de Albania. Los periódicos, las emisiones de radio y, posteriormente, la televisión, proporcionaban afirmaciones diarias de las ideologías del Partido. Celebraban 'victorias', ya sea sobre desafíos de la naturaleza como sequías o sobre enemigos ideológicos, reforzando así la idea de que la guerra del Partido estaba en curso y era necesaria.

Los centros culturales y eventos públicos, como desfiles y festivales, también desempeñaron su papel. Aquí, el arquetipo nacional era ensalzado a través de actuaciones y representaciones artísticas, conectando la narrativa del Partido con expresiones culturales profundamente arraigadas. Mientras tanto, los discursos y publicaciones de los líderes del Partido servían para reiterar el papel esencial de la violencia y la purificación en la marcha hacia una sociedad comunista.

Esta estrategia integral aseguró un mensaje ideológico coherente y omnipresente. Al controlar las narrativas en múltiples plataformas, el régimen pudo cautivar la atención del público y dirigirla hacia los objetivos del Partido. La influencia fue tanto vertical, desde el Partido hasta la población, como horizontal, permeando la sociedad en todos los niveles. Esta red de influencia dejaba prácticamente ningún espacio para puntos de vista alternativos, lo que hacía que las narrativas de guerra del Partido fueran persuasivas e inevitables.

En retrospectiva

La narrativa de la guerra en Albania desde 1944 hasta 1991 fue una orquestación deliberada por parte del Partido Comunista. Esta estratégica combinación de folklore histórico con logros del Partido aseguró su control sobre el poder y moldeó la identidad nacional. Su uso de una meta-narrativa indígena basada en la guerra como tejido de una ideología marxista-leninista más amplia tuvo dos resultados inmediatos: proporcionó legitimidad indígena y facilitó la alineación ideológica con narrativas comunistas internacionales.

Además, este caso de estudio sirve como una lección convincente sobre la manipulación de la memoria histórica y la identidad con fines políticos. Ofrece una visión de cómo un régimen totalitario puede torcer narrativas culturales para legitimar la violencia, suprimir la disidencia y movilizar a una nación hacia un futuro ideológico específico.

En resumen, adentrarse en este oscuro capítulo del pasado de Albania no es solo un esfuerzo académico. Es una necesidad para defensores de los derechos humanos, formuladores de políticas y cualquier persona comprometida en prevenir la reaparición de ideologías opresivas similares. Al analizar los métodos utilizados para manipular la memoria colectiva y movilizar a la sociedad, obtenemos valiosas perspectivas que pueden orientar la resistencia contra los abusos de los derechos humanos y la erosión de los principios democráticos en el presente y el futuro.

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Por Doan Dani
Doctor en Historia por la Universidad de Turín. Especializado en la intersección entre religión y política, y en historiografía albanesa.