Ecología epistémica: pensar por nosotros mismos, juntos

Sobre el libro Epistemic Ecology, de Catherine Z. Elgin, publicado por MIT Press en 2025.

Catherine Z. Elgin
Catherine Z. Elgin
Professor of the Philosophy of Education at Harvard University. Author of Epistemic Ecology (2025), True Enough (2017), Between the Absolute and the Arbitrary (1997), Considered Judgment...
"Disputa entre la reina Cristina Vasa y René Descartes", 1884. Incluso el filósofo que modeló el razonamiento solitario pasó años respondiendo a las preguntas de la reina Cristina de Suecia antes de llegar a su corte. Su corresponsal más trascendente, sin embargo, fue Isabel de Bohemia: sus 58 cartas con Descartes (1643-49) lo obligaron a enfrentar la debilidad central de su dualismo mente-cuerpo. Pintura de Nils Forsberg (1842-1934), a partir de Pierre-Louis Dumesnil el Joven (1698-1781)

Dilema

La epistemología contemporánea enfrenta un dilema. Responsabilizamos a las personas por sus creencias e inferencias. Las criticamos por sacar conclusiones apresuradas, pasar por alto evidencia, ignorar las tasas base. Las elogiamos por pensar con claridad, por sus ideas innovadoras, por razonar con rigor. Tanto el elogio como la crítica solo tienen sentido si los agentes son epistémicamente responsables. Y solo somos responsables si somos autónomos.

Pero los seres humanos son inevitablemente interdependientes desde el punto de vista cognitivo. Nos valemos unos de otros para obtener información e instrucción. Parece que somos en gran medida receptores pasivos de cualquier información o instrucción que nos llegue. Nuestra experiencia es limitada y parroquial. Muchos de nuestros procedimientos para generar y evaluar creencias nos parecen herencias de las comunidades epistémicas a las que pertenecemos. Fácilmente podríamos errar, sin culpa nuestra, si nuestras fuentes no son confiables. Parece cuestión de suerte que las opiniones que interiorizamos sean cognitivamente aceptables. 

Epistemic Ecology describe cómo la comprensión avanza a través de los esfuerzos de agentes epistémicos autónomos que restringen y canalizan sus actividades, construyendo normas, métodos y mecanismos para promover sus objetivos epistémicos compartidos y en evolución.

En Epistemic Ecology (2025, MIT Press) argumento que esta imagen es engañosa. En lugar de ser antagónicas, la autonomía epistémica y la comunidad epistémica (del tipo correcto) se refuerzan mutuamente. Ninguna es estable sin la otra. Mi argumento se restringe al ámbito cognitivo. Se refiere únicamente a la dinámica de las relaciones de dependencia que fomentan el avance de la comprensión o el crecimiento del conocimiento. Aquí esbozó un tema importante en ese trabajo.

Autonomía

Desde Descartes al menos, los pensadores se han concebido como agentes autónomos que deben pensar por sí mismos. Su autonomía es una cuestión de autogobierno intelectual, es decir, razonar de acuerdo con principios que reflejan su adhesión. Un agente reflexiona críticamente sobre sus pensamientos y se da cuenta de que no toda idea que le pasa por la mente merece su aprobación. Regimenta su pensamiento, descartando sueños, reflexiones ociosas, intuiciones y corazonadas. Forma estándares para la aceptación racional —consistencia, coherencia, plausibilidad, etc.— y cuando se dedica a actividades cognitivamente serias, solo acepta ideas que satisfacen sus estándares.

Epistemic Ecology book cover

Satisfacer sus propios estándares proporciona seguridad subjetiva, pero no puede impedir que sus opiniones sean viciadas por idiosincrasia, sesgo o azar. Su experiencia es limitada. Su perspectiva puede estar sesgada. Puede estar sujeta a sesgos que ella misma no puede discernir. Extiende su alcance a través del testimonio, la educación y la tecnología. 

El testimonio le permite acceder a información que no puede adquirir directamente. La educación le instruye sobre qué evidencia es confiable y qué métodos son fiables. La tecnología expande su alcance perceptivo, a través de telescopios, microscopios, escáneres y similares, y extiende sus recursos computacionales permitiéndole realizar cálculos que no podría hacer manualmente. 

Pero una mayor dependencia de recursos externos va acompañada de una mayor vulnerabilidad. A medida que expande su alcance epistémico, pierde la capacidad de verificar las cosas por sí misma. Externalizar hacia expertos y equipos puede llevarla por mal camino.

Un agente puede establecer estándares, respaldarlos reflexivamente y mantenerse fiel a ellos, sea cual sea su contenido. Pueden incluir estándares sobre aceptar testimonios, dar crédito a los datos de dispositivos de medición, creer lo que le han enseñado. La cuestión es si satisfacer sus propios estándares promueve su objetivo de comprender un dominio o conocer un hecho.

 Cuando, por ejemplo, quiere comprender el béisbol o el movimiento de los planetas, ¿satisfacer sus estándares relevantes promueve ese objetivo? Al confiar en el apoyo de otros agentes epistémicos, controla la idiosincrasia. Aunque quienes ella usa tienen sus propias peculiaridades cognitivas, es poco probable que compartan las suyas. Si la población en que confía es lo suficientemente grande y diversa, su dependencia de su apoyo también controla el azar. Si hay acuerdo generalizado, un veredicto es poco probable que sea una suposición afortunada. Entonces, el acuerdo intersubjetivo de cualquier tipo proporciona algunos beneficios epistémicos.

¿Y el sesgo? Aquí el asunto depende de la naturaleza de la comunidad en que confía. Si los compromisos de la comunidad son principalmente ideológicos o su objetivo es meramente el consenso, someter sus opiniones a los estándares de la comunidad no promoverá sus fines epistémicos. Quiere entender cómo se mueven los planetas o por qué el bateador está fuera, no solo qué piensa el grupo sobre estos asuntos.

Comunidad

Una comunidad no es una multitud desordenada. Es una asociación estructurada de personas vinculadas por reglas o convenciones que les permiten trabajar juntas para definir y alcanzar sus fines colectivos. La estructura de una comunidad bien ordenada le permite perseguir sus objetivos, dados los recursos de que disponen sus miembros. Esto es cierto sea cual sea la comunidad de que se trate — un equipo, un club, una disciplina, o una banda de ladrones. Porque los miembros dependen unos de otros, formulan conjuntamente sus objetivos y pueden tener que hacer concesiones para lograr acuerdo, es tentador pensar que al unirse a una comunidad un individuo sacrifica su autonomía. Ese es el núcleo del dilema.

Los miembros individuales y la comunidad epistémica manifiestan su apoyo mutuo planteando desafíos cuando estos son debidos.

Las comunidades epistémicas constan de agentes individuales que comparten objetivos cognitivos y diseñan y participan en una empresa conjunta para promover el logro de esos objetivos.

Diseñan métodos, métricas, estándares y taxonomías que creen que servirán a sus fines cognitivos.

Especifican requisitos sobre evidencia e inferencia. A medida que aprenden de la experiencia e inventan nuevos métodos e instrumentos, revisan sus compromisos para servir mejor esos fines. Se consideran a sí mismos comprometidos en un esfuerzo común y acuerdan adherirse a las normas que conjuntamente respaldan en la búsqueda de ese esfuerzo.

Confían unos en otros porque creen que hacerlo les permitirá alcanzar sus fines cognitivos de manera más efectiva que si actuaran solos. Quizá sacrifiquen cierta medida de autonomía cuando se unen. Pero también ganan. No solo fortalecen el apoyo para consideraciones que ya, subjetivamente, respaldan, sino que también logran bienes epistémicos que solo pueden obtenerse con la ayuda de otros. Una prueba de doble ciego, por ejemplo, es más confiable que una no ciega, ya que es mucho menos probable que sea viciada por sesgo inconsciente o error no detectado. Pero un individuo, por sí solo, nunca podría realizar una prueba de doble ciego. 

Arreglos políticos

Las relaciones políticas que vinculan a los miembros de una comunidad epistémica subyacen en su capacidad para desempeñar sus funciones. Sea cual sea la situación en el mundo más amplio, en sus tratos epistémicos entre sí, los miembros de una comunidad epistémica deben ser, y deben tratarse mutuamente como, libres e iguales.

A starling murmuration—an image of collective order without central control, though unlike the epistemic communities this essay describes, no single bird can dissent, challenge, or ask for reasons. Photo by [Walter Baxter](https://www.geograph.org.uk/profile/6638) (CC BY-SA 2.0).
Una murmulación de estorninos — una imagen del orden colectivo sin control central, aunque a diferencia de las comunidades epistémicas que este ensayo describe, ningún pájaro individual puede disentir, cuestionar o pedir razones. Foto de Walter Baxter CC BY-SA).

Deben ser libres de aventurar cualquier hipótesis, inferencia u objeción que vean conveniente. Deben ser libres de idear y desplegar cualquier dispositivo o método que prefieran. Los miembros también deben ser iguales en su derecho a que se tomen en serio sus contribuciones. Es decir, deben estar seguros no solo de que pueden aventurar una idea, sino también de que habrá receptividad. Aunque estos requisitos son políticos, su justificación es epistémica. Al silenciar ciertas voces o minimizar sus aportes, la comunidad sacrifica potencialmente ideas valiosas.

Sin embargo, una comunidad epistémica tiene el derecho y el deber de excluir a quienes no pueden o no quieren contribuir. Sería abrumada por irrelevancias si tuviera que considerar toda contribución excéntrica que surgiera. Pero la exclusión debe basarse en evaluaciones responsables de la competencia, la conciencia y la sinceridad de los candidatos. No puede incluir o excluir sobre la base de proxies elitistas u otros mal aconsejados. Decidir dónde debe trazarse la línea es un asunto delicado. Los errores pueden tener costos elevados.

Algunas innovaciones abren nuevas vías de investigación que requieren repensar resultados previamente aceptados.

Con los derechos vienen las obligaciones. Los miembros de la comunidad están obligados a ofrecer solo contribuciones que, dada su comprensión de los compromisos de la comunidad, creen que la comunidad debería tomar en serio. Tienen, pues, una obligación de demostrar competencia, conciencia y sinceridad. Además, tienen la obligación de plantear desafíos cuando disientan.

 Un hallazgo que es aceptable desde una variedad de perspectivas es más robusto que uno apoyado por una sola línea de argumentación. Pero esto es así solo si los ocupantes de esas perspectivas realmente respaldan el hallazgo. Si quienes concuerdan son meros aprendices, si están de acuerdo solo para ganarse favores, o se dejan llevar para llevarse bien, o sucumben a la presión de sus pares, su acuerdo no fortalece el hallazgo. El mero consenso no es suficiente. Los miembros individuales y la comunidad epistémica manifiestan su apoyo mutuo planteando desafíos cuando estos son debidos.

Los requisitos políticos no insisten, por supuesto, en que cada contribución sea o deba ser aceptada. Si alguien aventura una hipótesis insostenible, será y debe ser rápida y rotundamente rechazada. Pero la hipótesis debe ser juzgada por sus propios méritos — no por el poder o prestigio de quien la aventuró. Además, debe haber procedimientos acordados para cuestionar los compromisos aceptados y para juzgar esos cuestionamientos por sus propios méritos. 

Realidad versus idealización

La descripción que he ofrecido es claramente una idealización. Los miembros de las comunidades epistémicas reales se ven influenciados por una variedad de factores que ignoro. Son ambiciosos, preocupados por la seguridad laboral, intelectualmente arrogantes, indebidamente desconfiados, o distraídos por preocupaciones válidas pero epistémicamente irrelevantes. En pocas palabras, son humanos. Una empresa dedicada a asegurar fines epistémicos intenta limitar los efectos de tales impedimentos. Algunas comunidades diseñan salvaguardas institucionales. Requieren que los experimentos sean replicables, que los resultados sean acordados interssubjetivamente, cuando sea posible, las pruebas deben ser de doble ciego. Los artículos de investigación deben someterse a revisión por pares, y los revisores deben desconocer la identidad de los autores.

Los veredictos deben ser vindicados por los estándares que la comunidad considera que promueven sus objetivos. Tales salvaguardas protegen no solo contra la deshonestidad, sino también contra la influencia inconsciente de factores epistémicamente irrelevantes. No hay razón para asumir que las salvaguardas vigentes son suficientes. Pero son los mejores esfuerzos actuales de la comunidad para bloquear obstáculos innecesarios para lograr sus objetivos epistémicos. Además, si resultan inadecuadas, la comunidad tiene los recursos para rescindir, revisar o aumentarlas.

Una comunidad epistémica evoluciona. Modifica sus compromisos sobre la base de los éxitos y fracasos de sus esfuerzos. Algunas predicciones fallan. Algunas mediciones resultan demasiado rudimentarias. Algunas innovaciones abren nuevas vías de investigación que requieren repensar resultados previamente aceptados. Al respaldar un compromiso epistémico, la comunidad lo considera lo suficientemente bueno para construir sobre él. No lo considera permanentemente aceptable. Está preparada, si es necesario, para revisar.

Mi descripción puede parecer modelar las comunidades epistémicas sobre disciplinas académicas — la comunidad de astrofísicos o la comunidad de economistas políticos o la comunidad de historiadores del Renacimiento. Algunas comunidades se ajustan fácilmente a este modelo.

Pero los tipos de consideraciones que he planteado también unifican comunidades epistémicas más informales, como los chicos en el pub que son, y se reconocen mutuamente como, conocedores de fútbol, o los padres en el parque que se consultan entre sí sobre la crianza de los hijos. Sus discusiones responden a estándares compartidos de evidencia y argumento que han evolucionado con el tiempo para mejorar sus perspectivas de responder a las preguntas que buscan responder y explicar los fenómenos que buscan explicar.

Es cierto que no insisten en experimentos controlados o significancia estadística, pero los participantes exigen razones unos a otros y se basan en estándares acordados para lo que califica como una razón. Que el fenómeno que buscan entender sea la regla fuera de juego en el fútbol o la edad apropiada para introducir alimentos sólidos en un bebé en lugar del corrimiento al rojo de galaxias distantes no hace diferencia.

Conclusión

Los agentes epistémicos individuales con recursos limitados se unen para formar comunidades a fin de lograr sus objetivos epistémicos. Los agentes acuerdan regimentar su razonamiento de modo que satisfaga o desafíe adecuadamente los estándares de la comunidad que integran. No sacrifican por ello su autonomía, ya que participan libremente en la formación y revisión de esos estándares. Los estándares aseguran que los individuos sean y se los trate como contribuyentes libres e iguales al bien epistémico común. 

Obviamente, no es tan simple. Epistemic Ecology describe cómo la comprensión avanza a través de los esfuerzos de agentes epistémicos autónomos que restringen y canalizan sus esfuerzos, construyendo normas, métodos y mecanismos para promover sus objetivos epistémicos compartidos y en evolución. Investiga el acuerdo y el desacuerdo, la experiencia y la autoridad, la enseñanza y el testimonio, los modelos e idealizaciones. Muestra cómo seres humanos finitos, falibles e individualmente mal equipados colectivamente aprovechan sus recursos para generar comprensión.

Aunque las comunidades epistémicas actuales no cumplen con los requisitos que describo, esos requisitos constituyen una idealización que proporciona información sobre cómo agentes finitos y falibles con recursos cognitivos limitados pueden mejorar su situación epistémica. El éxito no está garantizado. Pero si el sistema está diseñado para aprender de sus errores, los fracasos pueden servir como trampolines para una investigación posterior.

Conoce los libros de nuestros colaboradores

Una cuidada selección de títulos en ciencias sociales y humanidades, presentados por sus autores en las páginas de Politics and Rights Review.

NO TE PIERDAS NINGÚN ARTÍCULO

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

ETIQUETADO :
Compartir este artículo
Profesora de Filosofía de la Educación en la Universidad de Harvard. Autora de Epistemic Ecology (2025), True Enough (2017), Between the Absolute and the Arbitrary (1997), Considered Judgment (1996), With Reference to Reference (1983), y coautora con Nelson Goodman de Reconceptions in Philosophy and Other Arts and Sciences (1988). Es epistemóloga cuyo trabajo se enfoca en la naturaleza y alcance de la comprensión. Su investigación examina cómo los agentes epistémicos, trabajando en conjunto, idean, implementan y mejoran recursos cognitivos para avanzar objetivos cognitivos.