Las armas son más prevalentes que nunca en Estados Unidos. Según una estimación, el número de armas de fuego en manos de civiles en EE. UU. supera la población del país. La ubicuidad de las armas en EE. UU. tiene implicaciones para estudiantes y educadores.
Por ejemplo, algunos comentaristas y responsables de políticas públicas han propuesto que los educadores porten armas en las escuelas para protegerse a sí mismos y a sus estudiantes. Además, varios estados permiten expresamente la posesión de armas en los campus universitarios. Pero siguen sin respuesta preguntas cruciales relacionadas con la prevalencia de las armas. Por ejemplo, ¿cuáles son exactamente las consecuencias psicológicas de estar rodeado de tantas armas?
El efecto arma
Una de las consecuencias psicológicas más estudiadas de estar cerca de armas es el «efecto arma», que alude a la idea de que la presencia de armas promueve la agresión. En 1967, Berkowitz y LePage llevaron a cabo un estudio fundacional en el que 100 estudiantes universitarios varones tuvieron la oportunidad de administrar descargas eléctricas a un compañero que los había provocado. En una condición, una escopeta y un revólver estaban sobre una mesa cerca del botón de descargas. En la otra condición, no había armas a la vista. Los participantes administraron más descargas en presencia de armas, lo que sentó las bases de años de estudios sobre el efecto arma.
Como era de esperar, la mayoría de esos estudios midieron resultados relacionados con la agresión, pero otras posibles consecuencias han permanecido sin examinar. Iniciamos un programa de investigación para estudiar consecuencias de estar en presencia de un arma que no se habían puesto a prueba. Nuestra investigación inicial se ha centrado en la siguiente pregunta: ¿cómo influye en la atención estar cerca de armas?
Las armas como estímulos amenazantes
Las amenazas en el entorno tienden a aumentar la activación fisiológica y a desviar la atención de otras tareas u objetivos. Parece razonable considerar las armas como amenazas potentes para la seguridad y el bienestar. En 2023 murieron cerca de 47 000 personas por lesiones relacionadas con armas de fuego en Estados Unidos. Ese mismo año, alrededor del 80 % de todos los homicidios en el país involucraron un arma de fuego.
Las experiencias de trauma psicológico y las lesiones no mortales asociadas con la violencia armada son aún más prevalentes que las muertes relacionadas con armas de fuego. Y el número de tiroteos escolares en EE. UU. alcanzó nuevos récords alarmantes cada año entre 2021 y 2023. Con estas cifras alarmantes en mente, nos preguntamos cómo podría influir en la capacidad de atención de los estudiantes el hecho de introducir aún más armas en aún más espacios académicos.
Las armas y la atención
Según la teoría del control atencional, las amenazas que generan ansiedad tienden a aumentar la atención hacia el estímulo amenazante y, con ello, a reducir la atención dirigida a objetivos. Por ejemplo, un estudio encontró que los participantes que realizaban una tarea de búsqueda visual tardaban más en encontrar el primer objetivo en presencia de imágenes distractoras amenazantes. Otro estudio encontró que la atención se orienta hacia los estímulos amenazantes incluso si atender a la amenaza provoca un resultado aversivo.
Del mismo modo, las investigaciones sobre el «enfoque en el arma» han encontrado que las armas captan la atención y perjudican la memoria de los detalles contextuales que rodean al arma. Esos estudios previos ofrecen pruebas convincentes de que, aun estando motivadas para evitarlos, las personas pueden ser incapaces de ignorar los estímulos amenazantes.
Puesta a prueba de los efectos de la presencia de armas sobre la atención
Razonamos que, si un arma funciona como una amenaza en el entorno, entonces la presencia de armas en espacios académicos podría menoscabar la capacidad de los estudiantes para prestar atención a las tareas en curso. En dos experimentos de laboratorio, pusimos a prueba la hipótesis de que estar en presencia de un arma desvía la atención y reduce el rendimiento en pruebas cognitivas validadas. Cabe aclarar que no era una conclusión inevitable que la presencia de armas desviara la atención de otras tareas, ya que algunos estudios han encontrado efectos nulos de los estímulos amenazantes sobre el desempeño en las tareas.
En el primer experimento, los estudiantes completaron pruebas cognitivas que exigían prestar atención cuidadosa a los estímulos relevantes para la tarea e ignorar la información distractora o irrelevante. Los estudiantes realizaron estas pruebas de control atencional en presencia de una pistola M1911 muy realista (pero falsa) o de una discreta engrapadora Swingline. Los dos objetos se colocaron en el mismo lugar, a unos 5 pies (1,5 m) del puesto de trabajo de los participantes, y la engrapadora tenía aproximadamente el mismo color y tamaño que el arma, lo que la convertía en un objeto de comparación ideal y no amenazante.
Encontramos que los estudiantes obtuvieron peores resultados en las pruebas de control atencional en presencia de un arma. Luego replicamos el experimento tras introducir modificaciones menores en los procedimientos y, una vez más, observamos un peor desempeño en las pruebas de control atencional en la condición con arma presente.
Conclusión
Los resultados de los dos experimentos aportan pruebas iniciales de que la presencia de armas menoscaba la capacidad de controlar la atención. Sospechamos que este patrón de resultados podría ser relevante para los debates de política pública sobre la presencia de armas en entornos académicos. Los guardias armados o los docentes armados pueden tener como propósito mantener a salvo a los estudiantes de amenazas externas, pero ¿a qué costo? Nuestros hallazgos sugieren la posibilidad de un costo cognitivo, en forma de un menor control de la atención.
Pero estamos lejos de saber cómo se manifiestan en el mundo real los efectos cognitivos de la presencia de armas. Nuestro montaje de laboratorio no sustituye adecuadamente a un aula de escuela pública, por lo que se necesitan investigaciones futuras que extiendan estos hallazgos a entornos más realistas. Además, solo evaluamos a estudiantes universitarios, pero el aumento de armas en los espacios educativos llega incluso a las escuelas primarias.
Como siempre, se necesita más investigación para comprender mejor los efectos de estar cerca de armas. Quizá estos hallazgos iniciales impulsen nuevos estudios que examinen las consecuencias psicológicas de estar en presencia de armas. Es posible que la presencia de armas afecte no solo la atención, sino también cómo se sienten los estudiantes, cómo toman decisiones y cómo evalúan su experiencia educativa. Sería bueno saber todo esto antes de introducir aún más armas en aún más espacios académicos, y esperamos que la investigación futura contribuya a orientar los esfuerzos por crear entornos seguros que también promuevan el éxito académico y el bienestar de los estudiantes.
